viernes 23 de mayo de 2008

la revolución es ahora


En los últimos meses proliferan las películas anti-sistema. En el IPEC vimos Fast-Food Nation, que a los no carnívoros no nos sorprendió demasiado. Después me llegó por email The Story of Stuff, que disecciona en un simple corto de animación el funcionamiento de la sociedad de consumo.

En Goiás se hablaba mucho de Zeitgeist, y anoche me senté a ver los 118 minutos de documental. El film no hace sino profundizar en las teorías conspiratorias sobre el 11-s, pero lo hace de un modo muy inteligente. Comienza con una evaluación crítica de las religiones, centrándose en la religión cristiana. Este comienzo tiene el propósito de preparar al espectador para lo que va a contar más tarde. Primero con la conspiración de la que ya nos hablaba Michael Moore en Farenheit 9/11 (2004) y más tarde denunciando el hecho de que la Reserva Federal de los Estados Unidos está detrás de todas las guerras desde la Primera Guerra Mundial, y cómo el objetivo final de esas personas es un gobierno mundial. Puede sonar a ciencia ficción. Y en realidad también podemos darnos cuenta de que es algo de lo que ya nos han advertido en cierto modo, si recordamos a George Orwell o Aldous Huxley.

En el documental, varias voces en off - se entiende que quienes hablan no quieran salir en pantalla en muchos casos - , entrevistas e imágenes esclarecedoras de varios momentos de la historia se intercalan con fragmentos de películas tan memorables como Network (1976).

Como decía Gil Scott Heron, la revolución no será televisada. Y ya ha empezado.


domingo 11 de mayo de 2008

ipec

El IPEC (Instituto de Permacultura do Cerrado) es un pequeño poblado que ha sido construído por mucha gente: sus fundadores, Lucy Legan (australiana) y André Soares (su marido, brasileno) amigos, visitantes y los alumnos de los cursos de biocostrucción que han estado dando durante estos años. Y también es el instituto de permacultura más prestigioso de Brasil. En un valle cerca del pueblo de Pirenópolis, en mitad del Cerrado, han creado aparentemente de la nada un pequeño oasis donde producen gran parte de su comida, donde crece un pequeño bosque, y el agua fluye de albercas a estanques llenos de vida.

Me sorpredió levantarme al amanecer y apenas ver pájaros, y sin embargo, al mediodía y a pleno sol bandadas enteras de tórtolas, amazonas, estruendosos periquitos y tucanes gigantes; que deben de ver el IPEC como un pequeño edén. Y por las noches decenas de Artibeus, los murciélagos frugívoros, que sobrevuelan la zona. Varios pares de ellos dormían sobre mi tienda, bajo una de las cúpulas del centro de convenciones.

Recomiendo a todo el mundo un curso de permacultura. Te hace ser más consciente aun de que la vida en las ciudades es la que está provocando la crisis ambiental, y que seguir participando de ello nos hace parte del problema. Y llega el momento de elegir: ser parte del problema o parte de la solución.

Pero aparte del lavado cerebral al que puede parecer que te someten, - que se lleva con gusto, porque lo que uno hace en este lugar es desaprender y ver desde fuera lo que hay de erróneo en la propia vida y su mundo -, se conoce gente con altos ideales. Y se viven momentos intensos. Como el que pasamos en el show de talentos, en el que todos improvisamos (unos más y otros menos) lo que pudimos. Un pequeño grupo y yo cantamos en círculo The Lion Sleeps Tonight con una hoja de bananera saliendo del cuello de nuestras camisas, y en una versión bastante más tupí que zulú. Y mi amiga Tachi, bailó con un señor portugués del alentejo y que resultó haber sido bailarín profesional. El espectáculo que dieron fue una sorpresa hasta para mí, que no daba crédito. Salieron al escenario y Tachi, que baila flamenco, se movía bastante discretamente, esperando que el tío - un hombre bastante grande y con una sonrisa enorme y nariz aguileña, que le hacían parecer a veces perverso - no tuviese ni idea. Pues el hombre, de un momento a otro estaba dando vueltas a la velocidad de una peonza , y la imagen resultó tan estrafalaria que parecía un slapstick. Ahí estaba el Sr. Zé, a sus sesenta años con su barriga prominente moviéndose con la agilidad de un Vaslav Nijinski. Y Tachi que bailaba su parte atónita. Los brasileños aplaudieron como locos. Pero a nosotros no nos la da. Aquello no era flamenco. Aunque hay que decir que la música tampoco lo era: If you love a woman de Bryan Adams... Ese fue uno de los momentos más graciosos. Otro fue ver a Lucy Legan dar aula cuando apenas habla portugués, pero resulta de lo más simpática, y de algún modo, comunicativa. Reímos sin parar con esa mujer, que meses antes había estado en el programa Troca de Família, donde tampoco le entendían. Tuvieron que ponerle subtítulos.

Es muy inspirador conocer gente como Lucy: conocedora de los problemas del planeta y a la vez tan optimista y llena de ideas para compartir. Porque en permacultura, todo problema es una oportunidad. Y toda oportunidad trae una solución.

sábado 10 de mayo de 2008

brasília

Lo primero que hace pensar esta ciudad es que ha sido ideada para impresionar. Resulta muy bella si hablamos en términos arquitectónicos, pero las distancias y las dimensiones la hacen deshumanizada y a veces ridícula. Pensada para los automóviles y no para las personas. Todo se hace en coche, por los kilómetros de distancia que hay entre el centro administrativo y las áreas residenciales.

Al menos, hay un paralelismo entre el paisaje natural original, que es el Cerrado, y el paisaje urbano que es Brasilia.

El ser humano, en tanto que antiguo cazador de ungulados, pastor y agricultor, prefiere normalmente un medio natural con árboles dispersos y hierbas altas mejor que el bosque o la selva. Este es el aspecto de la sabana y el cerrado.
Los edificios, los árboles y las avenidas también dan esa sensación de amplitud. Y el horizonte es igual de rectilíneo que en Cerrado goianés, que visité más tarde. Pero las distancias de esta ciudad la hacen hostil a las clases desfavorecidas, que también trabajan en el centro administrativo. Esto se explica por el momento en que fue diseñada y construída: en el boom económico de un país que miraba a los Estados Unidos como referente.

Todo esto y el omnipresente Niemeyer la sitúan a medio camino entre La Guerra de los Mundos y Mon Oncle de Jacques Tati. Parece que "el tío" va a salir de cualquier esquina paseando entre esculturas y edificios de aspecto futurista.

Pero lo bueno de Brasilia es la diversidad religiosa (la ciudad está llena de iglesias de ayahuasca, terreiros de candomblé, retiros hindúes...) y sorprende la cantidad de jóvenes "modernos" (blancos y de todos los colores: punkies, indies, skaters...) ; al menos en un festival de cine brasiliense al que asistí con unos amigos, y en la disco a la que fuimos después. Esa misma noche me invitaron a una ceremonia de Dayme, pero al día siguiente nos íbamos mi amiga Tachi y yo al IPEC a nuestro curso de permacultura y diseño.

jueves 27 de marzo de 2008

fukuoka

Mi amigo Manuel me prestó el año pasado el libro La Senda Natural del Cultivo, de Masanobu Fukuoka. Creo que este vídeo resume la idea principal de ese hombre. Me he emocionado escuchando sus palabras en los últimos segundos. Si el Dr. Fukuoka, uno de los hombres que han llegado a tener mayor conocimiento holístico de la Tierra, habla así, más nos vale hacerle caso.

jueves 13 de marzo de 2008

a carne é fraca

Si ha habido una novedad en los últimos meses de la que debo hablar, es que me estoy haciendo vegetariano. Digo "estoy" porque todavía como pescado y mariscos de vez en cuando (eso será lo más difícil de dejar a la larga, sobre todo en Galicia). Tomé la decisión gracias a la convivencia en Rio con varios vegetarianos (Marcelo, su hermana Cristiane, y el novio de ésta, entre otros) que me hicieron ver que son sólo unos pequeños cambios de actitud. Pero es algo que ya hacía un tiempo que quería hacer. Decir NO a la carne. En mi generación no estamos acostumbrados a decir no, a no tomar todo lo que está a nuestro alcance. Y cuesta un poco al principio. Pero después de un tiempo empiezas a rechazar la carne. Comienza a darte pereza comerla, como cuando eras pequeño y se te hacía un bolo, y te obligaban a quedarte horas delante del plato. - Yo recuerdo que en ocasiones iba al baño con el bolo todavía en la boca, lo soltaba en el inodoro y tiraba de la cisterna. Mi hermano copió el truco, hasta que mi madre nos descubrió. Entonces decidimos tirarlos al patio de luces.

En los meses que llevo aquí he recorrido maravillado algunas áreas de selva atlántica de Rio de Janeiro y del sur de Bahia. Pero también horrorizado viendo cómo la mayor parte de la extensión original de esas tierras, antes o después, pasa a ser pasto para bueyes.

Brasil es el mayor productor de carne del mundo, y uno de los mayores emisores de CO2 a la atmósfera por causa de los incendios provocados para crear alimento para el ganado. La carne aquí es absurdamente barata. Los brasileños son grandes consumidores de carne, pero también son grandes exportadores: principalmente, a los Estados Unidos y sus multinacionales. Mientras tanto, la UE ha vetado la carne procedente de áreas deforestadas, pero a cambio en Europa se consume soja transgénica plantada en la Amazonia. Y se puede decir que la soja es el componente principal de los piensos europeos y americanos.

Hace un tiempo despreciaba a los defensores de los animales porque me parecía que sólo decían estupideces. Pero hoy les admiro. Alguien con la suficiente sensibilidad como para cambiar su dieta conmovido por el sufrimiento animal merece mis respetos. Pero si además te mueve la consciencia de que tu comida ocasiona el mayor problema ambiental del planeta, no tienes excusa para mudar tus hábitos. Y estarás acercándote a la solución de un dilema ético: el del reparto de alimento en un mundo superpoblado.

A Carne é Fraca es un documental muy controvertido en Brasil, pero que en Bahia no ha tenido difusión todavía. Este mes lo proyectaremos en la universidad como parte de los eventos de lanzamiento de UFBA ecológica, la secretaría de medio ambiente de la UFBA.





jueves 31 de enero de 2008

luciérnagas para mostrarte el camino a casa

Hace unos meses, leí la biografía de Gerald Durrell, escrita por Douglas Botting. Durrell es sobradamente conocido por sus novelas, entre ellas My Family and Other Animals - que ha sido llevada dos veces a las pantallas de televisión - y por su fundación, un zoológico con la finalidad principal de salvar especies de la extinción.
La mayor aportación de Gerry en la batalla por la conservación es, en mi opinión, la forma de transmitir la curiosidad por la naturaleza a niños y adultos de todo el mundo. O al menos lo era, en aquel tiempo en que los niños aun leían libros (que no fuesen Harry Potter)...



Resulta que, volviendo a la biografía, al final de ésta el tal Botting habla de una experiencia que vivió cuando visitó Corfú, patria chica de los Durrell. El señor Botting se hospedó cerca de una de las villas en que vivieron los Durrell, y una noche volvía a casa en la más completa oscuridad. La luna estaba oculta, y al entrar en la espesura no conseguía ver. De repente, una lucecilla comenzó a brillar delante de su cara, y parecía moverse anticipándose a sus pasos. Decidió seguirla. La lucecilla era una luciérnaga, que le llevó hasta la entrada de la finca, y continuó hasta la baranda de la casa. Allí descendió a la altura del pomo de la puerta e iluminó la cerradura para que Douglas pudiese abrirla.

Entonces, un amigo suyo, que había estado observando la escena callado, sentado en las sombras, exclamó:

- Ese ahí es Durrell, que te está enseñando el camino a casa.

Tiene gracia. Hace unos meses leí una carta que Gerald Durrell escribió para ser enterrada en una cápsula del tiempo. Parece que ya ha sido desenterrada, y dice así:

"We hope that there will be fireflies and glow-worms at night to guide you and butterflies in hedges and forests to greet you.

We hope that your dawns will have an orchestra of bird song and that the sound of their wings and the opalescence of their colouring will dazzle you.

We hope that there will still be the extraordinary varieties of creatures sharing the land of the planet with you to enchant you and enrich your lives as they have done for us.

We hope that you will be grateful for having been born into such a magical world."

"Esperamos que existan luciérnagas en la noche para guiaros y mariposas en los setos y bosques para daros la bienvenida.

Esperamos que vuestros amaneceres tengan una orquesta de cantos de aves y que el sonido de sus alas y el brillo opalescente de sus colores os deslumbren.

Esperamos que todavía existan extraordinarias variedades de criaturas compartiendo el planeta con vosotros para encantaros y enriquecer vuestras vidas como lo han hecho con nosotros.

Esperamos que seáis agradecidos por haber nacido en un mundo mágico como éste."



lunes 28 de enero de 2008

santo dayme



El fin de semana pasado, viajé con unos cuantos amigos - Marcelo, Ángela, Cristiane (hermana de Marcelo) y Gurumurti (amigo común) – a Bom Jardim, un pueblo en Nova Friburgo, al noroeste del estado de Rio de Janeiro. El viaje lo organizaban Silvia y su novio, Fabiano. Silvia y Fabiano son una pareja fuera de lo común: Fabiano es hijo del jefe de una tribu, los Huni Kuin (html), y Silvia ejerce de consorte heredera, a pesar de que es una chica carioca de lo más normal. El objetivo común del grupo con este viaje era buscar un lugar para establecer una comunidad. Y el lugar resultó ser perfecto. La hacienda se llama Flor da Serra, y está en un valle en Nova Friburgo, en medio de varias montañas cubiertas de selva, en algunos lugares virgen, y en otros, secundaria, en tierras antes de cultivo. Entrando a la finca, se ve al otro lado una pared de roca cubierta de bromelias gigantes. A un lado, siguiendo la pendiente, hay un riachelo donde fuimos a darnos un baño recién salidos del coche. El lugar tiene varios edificios: uno de ellos es la cocina, otro una sala grande y otros tres son chalets con varias habitaciones. Lo mejor es que, en la pendiente que forma el lugar, se crean varios espacios diferentes con distintos ambientes: un jardín con césped y arbustos en flor, un bananal cargado de plátanos, un bosque de bambú y un área separada por grandes rocas casi cúbicas. Un camino hecho de losas de piedra conecta los distintos edificios. En la entrada, se accede a otro terreno de la propiedad, que es un antiguo cafetal y que está siendo invadido por la selva de nuevo.

Aquella noche Fabiano y Silvia iban a realizar para nosotros una ceremonia de Ayahuasca. Ayudé a Fabiano a preparar la hoguera. Fabiano tiene sólo 22 años y suele responder con una sonrisa cuando se le habla. Tiene los ojos grandes y rasgados, y una cara redondeada. Es callado, pero simpático, y cuando habla para el grupo parece dirigirse a nosotros realmente como el enviado de su tribu, como el transmisor de un importante mensaje.
Ralph, el dueño de la hacienda, participó en la ceremonia, y fue muy hospitalario (lógico, cualquier cosa que facilite la venta de la propiedad, imagino).

La ceremonia empezó alrededor del fuego, pero amenazaba tormenta, así que nos fuimos a la sala – un pabellón en una casa grande con altos techos de madera y paredes de arcilla - y allí, colocados en círculo, escuchamos los cantos del pueblo Huni Kuin que Fabiano y Silvia cantaron para nosotros. En las aldeas, toda la comunidad acompaña los cantos. Nosotros hicimos lo que pudimos, durante horas, y Ángela, para dar un respiro a la pareja, nos cantó una cancion indígena popular acompañada de un pequeño instrumento de cuerda hecho de calabaza.
La ayahuasca se llama en Brasil Dayme, y es utilizado por numerosas tribus, a las que sirve de canal para establecer un diálogo con la selva. Me pareció una lástima no poder hacer la ceremonia al aire libre, que es como se vive mejor la experiencia, pero la lluvia, como se preveía, fue realmente intensa. En lugar de una hoguera, en el centro del círculo dejamos una vela. Esa era toda la iluminación del lugar, aparte de los rayos de la poderosa tormenta sobre nosotros. Después de tomar nuestro primer vaso de Dayme, el viento entró en el recinto, y lo sentimos pasar, como haciendo un reconocimiento del lugar; como si algo o alguien estuviese dando su visto bueno a aquello que estábamos haciendo allí. Poco después la luna, creciente, salía de entre las nubes y junto a los relámpagos, iluminaba el lugar. De repente, otras lucecillas empezaron a participar del espectáculo lumínico: las luciérnagas, decenas de ellas, brillaban en pulsos de luz en lo alto de la estancia, y acompañaban nuestro “viaje”. Un viaje entre el sueño y la vigilia, más allá de lo que se puede expresar con palabras, y resulta ser una experiencia muy íntima. Aquella congregación de luciérnagas, puntos verdosos fluorescentes; a veces tenues, a veces muy luminosas, como pequeños fogonazos, fue tomada por todos como un buen presagio. Fabiano nos contó que ha comenzado a compartir la experiencia del Dayme con otras personas, no indígenas, para ayudarles a entender la fuerza y la importancia de la selva. Dice que, cuando vivía en su aldea, “tenía la sensación de que estaban solos”, porque creía que nadie aparte de su tribu daba importancia al bosque. Pero ahora, después de conocer personas como nosotros, dice, se ha dado cuenta de que hay más gente que quiere luchar por defender lo que es para ellos lo más importante. Su casa.